¿Cómo eres?

 

Desde el día en que ponemos por primera vez los pies en la Tierra -el día de nuestro nacimiento- tenemos derecho a obtener una identidad. La identidad incluye un nombre, un/os apellido/s, la fecha de nacimiento, el sexo y la nacionalidad. Es lo que nos caracteriza y diferencia de los demás. La prueba de la existencia de un individuo como parte de una sociedad.

Según Ajuriaguerra (1973), podemos definir la identidad como el conjunto de características que diferencian a un individuo de otro. Esta definición incluye como se ve, tanto características fenotípicas (un fenotipo es cualquier característica o rasgo observable de un organismo, como su morfología, desarrollo, propiedades bioquímicas, fisiología y comportamiento. Los fenotipos resultan de la expresión de los genes de un organismo, así como de la influencia de los factores ambientales, y de las posibles interacciones entre ambos) como de la personalidad.

En este proyecto y, especialmente, a lo largo de este segundo trimestre, vamos a centrarnos en la personalidad.

Las emociones y sentimientos -gracias a Sandra Racionero aprendí que no son lo mismo, siendo los segundos propios de los seres humanos – han estado condenados en el más absoluto de los olvidos, puesto que han tendido a ser vistas como expresiones incivilizadas y nocivas para el progreso social (Zembylas y Kaloyirou, 2007). En un análisis del estado de la investigación educativa sobre emociones, Pekrun (2005) señala la escasa atención que han recibido las emociones en los procesos educativos durante el siglo XX con dos notables excepciones: el estudio de la ansiedad relacionada con la evaluación y el rendimiento y el estudio de la relación entre emoción y motivación relacionada con el éxito y fracaso académico (culpa, orgullo, etc…) En su análisis, Pekrun reconoce el escaso conocimiento del que disponemos aún sobre la ocurrencia, frecuencia y fenomenología de las emociones en relación con el aprendizaje.

Son hoy varias investigaciones las que analizan el papel de la emociones y la construcción de la identidad (Gover y Gavelek, 1997; Margolis, 1998; Rose, 1998; Lasky, 2005; Zembylas, 2005; Hornillo y Rebollo, 2006; Rebollo, García-Pérez, Barragán, Buzón y Vega, 2008; Bernal y Cárdenas, 2009).

La identidad evoluciona a lo largo de nuestra vida pasando por las distintas etapas: desde la infancia hasta la vejez. Durante este proceso, vamos integrando nuevas identificaciones con sus roles, capacidades y pérdidas correspondientes.

En definitiva, como plantea Dubar (2002), la identidad se construye en una relación de constitución mutua con la alteridad. Así escuela, familia y sociedad actúan como un todo sobre la construcción de la identidad de nuestros pequeños.

Siguiendo a Bauman (2005) en esta diferenciación social en la escuela:

(…) en un extremo de la jerarquía global emergente están los que pueden componer y descomponer sus identidades más o menos a voluntad, tirando del fondo de ofertas… El otro extremos está abarrotado por aquellos a los que les ha vedado el acceso a la elección de identidad, gente a la quena se da ni voz ni voto para decidir sus preferencias y que, al final, cargan con el lastre de identidades que otros les imponen y obligan a acatar; identidades de las que se resienten pero de las que les permite despojarse y que no consiguen quietarse de encima. Identidades que estereotipoan, que humillan, que deshumanizan y que estigmatizan (p.86)

He de ahí mi importancia de tratar a los niños de forma individualizada. He de ahí mi insistencia en tratar a los niños con respeto. He de ahí me insistencia en ayudarlos a construir una personalidad fuerte y sólida. ¿Qué tal si nos nos paramos a pensar más en los niños? Empecemos por preguntarles:

¿Cómo eres?

¿Sabías que nosotros somos unos especialistas?

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  • Gabriela Sabatini: soñaba con ser una tenista profesional. Llegó a concentrarse en el partido, dejando de lado lo que podría suceder después.

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  • Mary Somerville: acudió al colegio cuando tenía diez años. Al regresar a casa se interesó  por la lectura. Mary consiguió su sueño y llegó a ser una de las científicas más importantes de la historia.
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  • Martina Navratilova:  ha ganado muchos títulos como tenista. Un deporte que aprendió gracias a la ayuda de su abuela.
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  • Marta Gómez: a los cuatro años empezó a cantar en un coro. Su sueño era dedicarse a la música. Marta es una cantautora colombiana que ha obtenido diversos premios internacionales y logra emocionar con su música.

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  •  Larisa Latynina: una gimnasta soviética. Es la persona que más medallas olímpicas ha ganado en toda la historia.
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  • Marta Arce Payno: Marta nació con una forma de albinismo que le produce un déficit visual grave hasta llegar a combatir “con las luces apagadas”, una realidad que a la postre supuso un estímulo para forjar un carácter férreo y humano a la vez, tanto dentro como fuera del tatami.
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Revista de Educación, 353. Septiembre-Diciembre 2010, pp. 187-209 Fecha de entrada: 01-07-2009 Fecha de aceptación: 01-04-2010
Bauman, Z. (2005). Identidad. Madrid: Losada.
Zembylas, M. y Kaloyirou, c. (2007). Emociones y violencia contra las mujeresy otros grupos.
Implicaciones pedagógicas. Revista de Educación, 342, 37-59.
Pekrun, R. (2005). Progress and open problems in educational emotion research. Learning and Instruction, 15, 497-506.
Gover, M. y Gavelek, J. (1997). Educating the emotions: Implications of a relational view of knowing for learning and development. Paper presented at the Annual Meeting of the American Educational Research Association, Chicago. Recuperado del 23 de junio de 2006: http://www.msu.edu/user/ govermar/emotion.htm
https://www.humanium.org/es/derecho-identidad/

Autor entrada: Macarena

Me llamo Macarena y desde hace 8 años soy profesora de educación primaria, especializada en Lengua Extranjera-Inglés. Desde bien pequeña me ha llamado la atención el mundo de la enseñanza y el aprendizaje, por lo que una vez que comencé mi aventura universitaria, decidí formarme para ser lo que quería. Ser maestra. “Es al niño al que hay que tener en cuenta ante todo; la cuestión es liberarle de los obstáculos que dificultan su desarrollo y ayudarle a vivir. Una vez se comprende este principio, se constata un cambio radical en el comportamiento del adulto en relación al niño”. -M. Montessori-.

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