La fuerza del apego

 La fuerza del apego

¿QUÉ ES EL APEGO?

El apego, es la relación que establecemos con las personas de alrededor. Son aquellas personas con las que creamos un vínculo afectivo y, en especial, con un reducido número de personas en las cuales estará la figura de apego.

El vínculo afectivo, y por lo tanto el punto de partida del apego infantil, comienza cuando la madre sabe que está embarazada. Es por ello, que la primera figura de apego es la madre, luego el padre y la familia cercana. En la primera infancia, se crean los primeros lazos afectivos, los primeros aprendizajes y el primer eslabón de la personalidad.

En la adolescencia, el vínculo fomentará la autoestima y la percepción del yo, unido al crecimiento personal y madurativo. En la etapa adulta, se ampliará el circulo afectivo y se crearán nuevos vínculos afectivos con personas hasta entonces desconocidas pero que se convertirán en relaciones afectivas como es la pareja.

Por otro lado, la pérdida de un vínculo afectivo, creará un duelo en la persona que lo padezca.
Para el Dr. Álvaro Bilbao, el apego es la representación mental que tenemos de el mundo.

Si nuestros padres nos atienden de forma «fiable» sentimos que el mundo es un lugar seguro. Si nos atienden de forma poco fiable o agresiva pues sentimos que el mundo es un lugar incierto o peligroso. No se puede criar con apego, ni sin apego…todos los niños desarrollan apego de una forma u otra. Es un instinto primario que su ningún adulto puede convencer a sus hijos de que crezca sin apego, sólo podemos darles apego de menor o mayor calidad.

Dr. Álvaro Bilbao.

TIPOS DE APEGO Y SU REPERCUSIÓN

Los distintos tipos de apego tienen influencia en la personalidad.

Apego Seguro

La figura del apego, madre-padre conecta con las emociones del bebé; guía en el aprendizaje de las emociones y responde con seguridad a las situaciones nuevas e inseguras. Son conductas que favorecen la seguridad en uno mismo y en su entorno, son personas que conectan con sus emociones.

Los niños que disponen de este estilo concreto tienden a buscar a sus cuidadores cuando experimentan alguna emoción difícil, logrando así un alivio de la misma. Cuando los padres desaparecen se sienten incómodos solo al principio, recuperando el contacto de forma natural cuando se produce su retorno.

Las personas adultas con este estilo de apego experimentan una sensación de satisfacción general en sus relaciones con otros, pudiendo establecer un marco relacional que facilite el desarrollo saludable de todos los implicados. La honestidad y la confianza se alzan como el tejido con el que se bordan las costuras de la amistad o de la relación de pareja, pudiendo establecer una ligazón emocional profunda con quienes consideran merecedores de ello. Es la forma más común de apego, y actúa como factor de protección ante la psicopatología.

Apego Ansioso

La figura del apego, madre-padre es una figura con ansiedad. Así, en vez de tranquilizar al bebé, niño/a y darles seguridad le crea ansiedad. El/la niño/a quiere calmar al padre o madre y oculta situaciones de estrés que le pueden pasar. Son conductas inseguras, personas con indecisión e inseguras, no conectan con sus emociones positivas.

Los niños que presentan este estilo de vinculación con sus padres no tienen la seguridad de disponer de la ayuda que pudieran precisar en caso de necesidad. Esta incertidumbre propicia que el interés por el entorno se vea condicionado por el miedo, de modo tal que la exploración queda limitada por una inseguridad latente pero constante. Este sentimiento se ve exacerbado en aquellos casos en los que los padres recurren a la amenaza de abandono como mecanismo para controlar las conductas disruptivas.

Las personas adultas con este estilo de apego tienden a evitar sus emociones al considerar que podrían verse abrumadas por su intensidad, lo que dificulta la adquisición de recursos esenciales para la regulación de las experiencias internas. A menudo se vive la cotidianidad desde una ambivalencia entre la aproximación y el rechazo, pues ambas generan tal grado de malestar que la persona deambula en el vaivén de los espacios grises que lindan entre una y otra. El miedo al abandono, y la sensación de inadecuación, pueden ser recurrentes.

Apego Desorganizado

A veces está el apego seguro pero otras veces no está. Cuando está es de calidad, pero cuando no está crea ansiedad. Son niños inseguros, que no saben pedir ayuda. Son personas solitarias, desconfiadas y que tienen muchas dudas ante nuevas situaciones.

Los niños que desarrollan este estilo concreto han vivido múltiples situaciones con sus figuras de apego explícitamente amenazantes, puesto que estas adoptan una actitud negligente o incluso abusiva (en el amplio sentido del término). Debido a que el niño no puede asumir una emancipación física o emocional, permanecería necesariamente próximo al influjo pernicioso de sus cuidadores, mostrándose ansioso tanto en su presencia como en su ausencia (caóticos y desorganizados).

Este estilo de apego genera huellas profundas en la personalidad y la autoimagen, siendo por ello el que presenta una relación más estrecha con la psicopatología del adulto y del niño.

Apego Evitativo

La figura del apego no está, no conecta con las situaciones emocionales suyos ni con los del niño. Son niños de acción, aprenden a tener el afecto de sus padres con los hechos no con lo que son; buenas notas, buen deportista. Son personas egoístas, que no empatizan con los demás y están desconectados de sus emociones. Les dan importancia a cosas materiales en vez de poner foco en sus emociones.

El niño con este patrón de apego percibe que todo intento por buscar el confort que pueda proporcionarle su figura de cuidado concluirá en una situación de abierta burla o desprecio, que además se verá sucedida por la ausencia total de protección y seguridad junto a una nociva sensación de indefensión aprendida. Esta circunstancia contribuye a que el niño trate de adoptar una posición de autosuficiencia, en un intento por construir escenarios en los que sentirse seguro sin la contribución de los demás.

En la edad adulta, este estilo de apego se caracteriza por la búsqueda deliberada de la soledad y por la incomodidad en las relaciones personales. La independencia adquiere una importancia capital, surgiendo un temor cerval ante la expectativa de compromiso con otras personas en los ámbitos de la amistad o la pareja. La búsqueda de trabajos solitarios y el desinterés por forjar nuevas relaciones pueden ser también habituales.

CONCLUSIÓN

La mente de un niño alberga el potencial de construir una vida feliz. Pese a la vulnerabilidad que lo acompaña en el momento de su nacimiento, los primeros años son elementales para definir quiénes seremos y qué senderos recorreremos en el trepidante viaje de la existencia. Las primeras relaciones sociales son, en este sentido, la clave para encauzar el desarrollo hacia la plenitud biológica, social y emocional.

La creación de un apego seguro supondrá la estabilidad emocional y salud mental. Es por ello, que cabe subrayar la importancia del apego, trabajarla y crear lazos de unión de calidad.

¿LES ALEGRAMOS EL DESAYUNO?

Desde aquí, propongo a las familias que les dejen una nota de apoyo, ánimo o afecto junto al desayuno que toman en el cole, una manera de recordarles que estamos con ellos y que pueden contar con nosotros. Pero no solo basta con esto, dedica tiempo a pasar con tus hijos: juega con ellos, haced recetas de cocina juntos, manualidades… Esto favorecerá la relación entre vosotros y quedará marcado en la infancia de los más pequeños. ¿Te animas?

Fuente:

«El cerebro del niño explicado a los padres». ED. Plataforma Actual. DR. Álvaro Bilbao -neuropsicólogo.

www.isep.com -Instituto Superior de Psicólogos-

Macarena Chaves Pecero

Me llamo Macarena y desde hace 11 años soy profesora de educación primaria, especializada en Lengua Extranjera-Inglés. Desde bien pequeña me ha llamado la atención el mundo de la enseñanza y el aprendizaje, por lo que una vez que comencé mi aventura universitaria, decidí formarme para ser lo que quería. Ser maestra. “Es al niño al que hay que tener en cuenta ante todo; la cuestión es liberarle de los obstáculos que dificultan su desarrollo y ayudarle a vivir. Una vez se comprende este principio, se constata un cambio radical en el comportamiento del adulto en relación al niño”. -M. Montessori-.

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