¿Por qué evitar decir “muy bien” a los niños?

Imagen: www.roastbrief.com

“¡Muy bien!”. ¿Cuántas veces hemos escuchado estas dos palabras estando en un ambiente entre niños? Vamos a hacernos una pregunta: “¿nuestras reacciones ayudan al niño a volverse más entusiasta en aquello que hacen por placer o por el contrario buscan de forma continua nuestra aprobación, una palmadita en la espalda?

Quizá el hecho de elogiar a un niño nos hace pensar que estamos fomentando su autoestima y motivación. Pero, ¿es realmente efectivo? Alfie Kohn -profesor, autor comprometido con la renovación pedagógica, uno de los críticos más destacables en Estados Unidos del sistema educativo, experto en el proceso de enseñanza-aprendizaje y escritor de varios libros- afirma que la razón por la que los elogios funcionan a corto plazo es porque los niños pequeños están “hambrientos” de aprobación. Estamos creando en el niño una necesidad de aprobación externa de la que dependerá el resto de su vida para valorar si su trabajo es o no bueno. Además, estamos eliminando su capacidad de automotivación por tanto, ¿cómo puede sentirse un niño orgulloso de su trabajo si no es capaz de valorarlo por él mismo?

Pero cuidado, no confundamos los términos. Hay que apoyar a los niños, incentivarlos, amarlos, abrazarlos y ayudarlos a sentirse bien con ellos mimos. Elogiar es otra cosa distinta. La RAE (Real Academia Española) dice:

Elogiar: decir cosas favorables de una persona o cosa, resaltando sus cualidades o méritos.


Razones de por qué no es beneficioso elogiar al niño

  • Manipulación de los niños: cuando un niño recoge los juguetes tras jugar y le decimos “muy bien”, ¿a quién beneficia realmente? Rheta DeVries, profesora de educación en la Universidad del Norte de Iowa, se refiere a esto como “control de azúcar“. Es parecido a dar una recompensa física.   Utilizar el elogio para nuestra conveniencia, para reforzar un acto que hace nuestras vidas más fáciles puede causar la dependencia de los niños.

Por otro lado, Mary Budd Rowe, investigadora en la Universidad de Forida, “descubrió que los estudiantes que eran elogiados por sus profesoras eran más indecisos en sus respuestas, más propensos a responder en un tono de voz de pregunta y tenían más tendencia a no preservar en tareas difíciles o compartir sus ideas con otros estudiantes”.

  • Robando el placer: cada vez que le decimos a un niño “muy bien”, le estamos diciendo cómo debe sentirse. El niño merece disfrutar de sus logros y sentirse orgulloso de lo que ha conseguido, pero debe darse cuenta él mismo. Cada vez que decimos “¡muy bien!” estamos haciendo un juicio y como dice Alfie kohn:

La característica más notable de un juicio positivo, no es que sea positivo, sino que es un juicio.Y a la gente, incluyendo a los niños, no les gusta ser juzgados.

  • Perdiendo el interés. Lilian Katz advierte:

Una vez que se quita la atención, muchos niños no volverán a esa actividad nuevamente.

Numerosas investigaciones científicas, han demostrado que cuanto más recompensemos a la gente por hacer algo, son más proclives a perder el interés por cualquier cosa que deban hacer para obtener recompensa. Es decir, el objetivo no es leer, dibujar, pensar… sino la recompensa, el premio, el regalo o simplemente un “¡muy bien!”.
Joan Grusec condujo un estado en el que los niños que fueron elogiados con frecuencia por muestras de generosidad, tendían a ser un poco menos generosos en el día a día. De esta manera, cada vez que oyeron “¡muy bien por compartir!, ¡muy bien por ayudar!, ellos perdían el interés por hacerlo.
  • Disminución del desempeño. Los investigadores afirman que los niños que son elogiados son proclives a tropezar en la siguiente tarea, pero ¿por qué? En primer lugar, porque se crea una presión de continuar con el “buen trabajo” y su interés en lo que hacen puede disminuir mostrándose menos propensos a arriesgarse al aprender cómo hacer que los comentarios positivos continúen.

Entonces, ¿cómo reaccionar ante un trabajo bien hecho?

Cristina, autora del blog montessoriencasa.es nos ofrece una recopilación de 10 alternativas al elogio.
  1. “¡Mmmm!: cuando no sabemos qué decir, es mejor que un elogio. De esta manera mostramos interés por lo que el niño nos está enseñando y esperamos a ver si nos cuenta más.
  2. “Vaya! ¿Qué has hecho? ¡Cuéntame!: el niño verá que nos interesamos y seguro que estará encantado de darnos detalles.
  3. “Te has esforzado mucho para hacer esto, ¿verdad? ¿Estás orgulloso?”: En lugar de centrarnos en el resultado, nos centramos en el esfuerzo y fomentamos la motivación interna del niño.
  4. “¡Se te ve muy feliz! ¿Estás contento de haberlo conseguido?”: nos centramos en su sensación de logo y en su auto-motivación.
  5. “¡Esto no lo habías hecho nunca! ¿Cómo has aprendido?”: en este caso le damos valor al proceso de aprendizaje.
  6. “Me gusta lo que has hecho, ¿podrías enseñarme a hacerlo?: con esta reacción le estamos enviando al niño el mensaje de que su trabajo nos gusta tanto que nos gustaría aprender a hacerlo, y que él tiene la capacidad de enseñarnos.

Conclusión

Alfie Kohn concluye con las siguientes tres frases:

  1. No diga nada. Un acto servicial debe ser “reforzado”, o eso piensan algunas personas. Si los niños son malos, se le debe dar una razón artificial para ser buenos. Pero si este cinismo es infundado, los elogios no serían necesarios. 
  2. Diga lo que que vio. Basta con un simple enunciado como: “¡te ataste los zapatos tú solo!” o “¡lo hiciste!” para decirle a los niños que nos hemos dado cuenta y, además, le permite a él sentirse orgulloso. También podemos ofrecer comentarios más elaborados como: “¡cuánto color!”, “¡el río el larguísimo!”. En el caso de  un acto de generosidad, podremos decirle que observe el efecto que ha provocado en esa persona: “mira la cara de tu amiga, parece feliz ahora que juega contigo”.
  3. Hable menos, pregunte más. Es mejor preguntar que describir. Cuando un niño hace una dibujo y nos pregunta: “¿te gusta?”, está buscando agradarnos, buscando una evaluación. Lo ideal sería que antes de emitir nuestro propio juicio, le respondamos con otra pregunta como por ejemplo: “¿y a ti?”, “¿cuál ha sido la parte más difícil?”, “¿cómo lo has hecho?”…
A mí me cuesta contenerme a la hora no decir “muy bien” a un niño. Pero, después de toda la información leía, estoy convencida de que esas dos palabras no benefician, sino que perjudican. A partir de ahora, no hago juicio, valoro el trabajo realizado.

Publicado con el permiso de Alfie Kohn. Para más información, podéis visitar su web alfiekohn.org así como en su libro Unconditional Parenting.

Fuente:

montessoriencasa.es
http://www.alfiekohn.org/parenting/muybien.htm
KOHN, Alfie. Unconditional Parenting. March 28, 2006.



Autor entrada: Macarena

Me llamo Macarena y desde hace 8 años soy profesora de educación primaria, especializada en Lengua Extranjera-Inglés. Desde bien pequeña me ha llamado la atención el mundo de la enseñanza y el aprendizaje, por lo que una vez que comencé mi aventura universitaria, decidí formarme para ser lo que quería. Ser maestra. Y además, hacerlo especializándome en una lengua extranjera, inglés.

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